
Cuando me enteré del tan prematuro fallecimiento de David Carradine, sentí mucha tristeza. Esta tristeza que sentimos cuando se nos va alguien que fue parte trascendente de nuestra vida. Hace 35 años que practico las artes marciales.
Entré en este maravilloso mundo en 1974, tenía entonces 14 años...en esa época, mi único deporte había sido la natación durante las temporadas de verano en el club, y jugar en la vereda a la pelota sin mucho éxito...hasta que un día todo eso cambió.
Recuerdo a esa edad, que con mi hermano Claudio ibamos al cine a ver esos programas dobles donde siempre te enchufaban una película china. Como nos gustaban los westerns y las de terror, decidíamos "bancarnos" la película china. Sufríamos una hora y media esperando que terminen lo que en esa época eran para nosotros, bodrios interminables...claro, en esa época no nos movía un pelo ver una patada o un golpe...pero como dije antes, un día todo eso cambió.
Hay que admitirlo, el estreno de "Operación Dragón" marcó una línea. Ver a Bruce Lee en esa época fue un flash. Ya Lo habíamos visto en la tele, haciendo de KATO en El avispón verde.
Claro, era "el chino que hacía karate"...en esa época, a las artes marciales se las conocía solamente como "karate" o "judo"...hasta que un día todo eso cambió.
Un día, vimos en la tele a un personaje bastante raro. Un hombre vestido con ropas amplias, descalzo, con un morral colgado de un hombro, un sombrero, y caminando por un desierto, acompañado de una música de flauta. Era, supimos después, un sacerdote de un templo budista de China, un ser iluminado que había sido entrenado en las artes marciales, artes que a partir de esa circunstancia, se comenzaron a llamar, en lugar de Karate o Judo... KUNG FU.
Esa escena marcó el inicio de la era del kung fu en occidente.
Esa persona que caminaba por el desierto era David Carradine.
La Era del Kung Fu
Fue Carradine, más que Bruce Lee, quien nos convenció a muchos de nosotros, que practicar artes marciales podía ser un camino maravilloso, un camino que mucho distaba de ser meramente un método de combate.
Un camino que nos conectaba con oriente, con su filosofía ancestral y su estilo de vida, su sabiduría milenaria. El monje Shaolin Kway Chiang Caine desplegaba tanto golpes como sabiduría, ética, respeto y valores que eran muy bien recibidos por quienes semana tras semana lo veíamos recorrer Estados Unidos en busca de su hermano.

David Carradine fue siempre un estupendo actor, y eso se puede ver claramente al inicio y al final de su carrera. El personaje de Caine, es único. Creo que nadie podría haberlo hecho mejor. Acaso por su militancia en la filosofía hippie de los 70, Carradine tenía ese estilo entre antiguo y moderno, entre China y "paz y amor" que lo hacía sumamente magnético. Su filosofía calaba hondo, sus palabras llegaban y sus sentimientos se percibían. Seguramente un monje shaolin, made in china, hubiera sido muy diferente, pero no habría llegado con el poder que llegó en la gente David Carradine.
Al final de su carrera, nos regaló ese tremendo Bill, tan temible como querible, que tampoco se me ocurre quién podría haberlo hecho mejor.
En el medio de esos dos hitos, dejó una huella que pasa desde haber filmado para Igmar Bergman (El huevo de la serpiente) hasta películas que hoy se catalogan como bizarras, o de clase z...él perteneció a un linaje de actores, sus padres y sus dos hermanos, todos han hecho carrera en el cine, teatro y televisión.
David fue nominado cuatro veces para el Globo de Oro en Estados Unidos por distintos trabajos destacados, dentro de los 115 filmes que componen su carrera artística.
Luego de la serie kung fu, David quedó prendado de por vida por este arte, estudiándolo tanto en su técnica, como en su filosofía. Aún a los 72 años era una persona muy saludable, de muy buen estado físico y salud.
A partir de ayer, David dejó de ser un actor de carne y hueso, para convertirse en una leyenda que no será facilmente olvidada.
Gracias a vos, David, yo estoy enseñando kung fu hoy. Gracias por todo.
Entré en este maravilloso mundo en 1974, tenía entonces 14 años...en esa época, mi único deporte había sido la natación durante las temporadas de verano en el club, y jugar en la vereda a la pelota sin mucho éxito...hasta que un día todo eso cambió.
Recuerdo a esa edad, que con mi hermano Claudio ibamos al cine a ver esos programas dobles donde siempre te enchufaban una película china. Como nos gustaban los westerns y las de terror, decidíamos "bancarnos" la película china. Sufríamos una hora y media esperando que terminen lo que en esa época eran para nosotros, bodrios interminables...claro, en esa época no nos movía un pelo ver una patada o un golpe...pero como dije antes, un día todo eso cambió.
Hay que admitirlo, el estreno de "Operación Dragón" marcó una línea. Ver a Bruce Lee en esa época fue un flash. Ya Lo habíamos visto en la tele, haciendo de KATO en El avispón verde.
Claro, era "el chino que hacía karate"...en esa época, a las artes marciales se las conocía solamente como "karate" o "judo"...hasta que un día todo eso cambió.
Un día, vimos en la tele a un personaje bastante raro. Un hombre vestido con ropas amplias, descalzo, con un morral colgado de un hombro, un sombrero, y caminando por un desierto, acompañado de una música de flauta. Era, supimos después, un sacerdote de un templo budista de China, un ser iluminado que había sido entrenado en las artes marciales, artes que a partir de esa circunstancia, se comenzaron a llamar, en lugar de Karate o Judo... KUNG FU.
Esa escena marcó el inicio de la era del kung fu en occidente.
Esa persona que caminaba por el desierto era David Carradine.
La Era del Kung Fu
Fue Carradine, más que Bruce Lee, quien nos convenció a muchos de nosotros, que practicar artes marciales podía ser un camino maravilloso, un camino que mucho distaba de ser meramente un método de combate.
Un camino que nos conectaba con oriente, con su filosofía ancestral y su estilo de vida, su sabiduría milenaria. El monje Shaolin Kway Chiang Caine desplegaba tanto golpes como sabiduría, ética, respeto y valores que eran muy bien recibidos por quienes semana tras semana lo veíamos recorrer Estados Unidos en busca de su hermano.

David Carradine fue siempre un estupendo actor, y eso se puede ver claramente al inicio y al final de su carrera. El personaje de Caine, es único. Creo que nadie podría haberlo hecho mejor. Acaso por su militancia en la filosofía hippie de los 70, Carradine tenía ese estilo entre antiguo y moderno, entre China y "paz y amor" que lo hacía sumamente magnético. Su filosofía calaba hondo, sus palabras llegaban y sus sentimientos se percibían. Seguramente un monje shaolin, made in china, hubiera sido muy diferente, pero no habría llegado con el poder que llegó en la gente David Carradine.

Al final de su carrera, nos regaló ese tremendo Bill, tan temible como querible, que tampoco se me ocurre quién podría haberlo hecho mejor.
En el medio de esos dos hitos, dejó una huella que pasa desde haber filmado para Igmar Bergman (El huevo de la serpiente) hasta películas que hoy se catalogan como bizarras, o de clase z...él perteneció a un linaje de actores, sus padres y sus dos hermanos, todos han hecho carrera en el cine, teatro y televisión.
David fue nominado cuatro veces para el Globo de Oro en Estados Unidos por distintos trabajos destacados, dentro de los 115 filmes que componen su carrera artística.
Luego de la serie kung fu, David quedó prendado de por vida por este arte, estudiándolo tanto en su técnica, como en su filosofía. Aún a los 72 años era una persona muy saludable, de muy buen estado físico y salud.
A partir de ayer, David dejó de ser un actor de carne y hueso, para convertirse en una leyenda que no será facilmente olvidada.
Gracias a vos, David, yo estoy enseñando kung fu hoy. Gracias por todo.







